La cuenta que todos creían que estaba bien.
Yasmine lleva una cartera de cuarenta cuentas. Acme estaba «sana» según todos los informes: verde en el CRM, sin tickets abiertos, sin quejas. Ese tipo de cuenta en la que no piensas, porque nada grita.
Pero las señales estaban ahí, solo que demasiado tenues para sentirlas entre cuarenta relaciones. Las respuestas habían pasado de horas a días. El tono de la última llamada se había apagado. Una incidencia de tres semanas atrás nunca se había cerrado. Acme se enfría rápido: confianza baja 16, y esa incidencia ignorada es el motivo. Contacta hoy, no en la renovación. Yo ya había redactado el mensaje de seguimiento.
Yasmine lo envió esa misma tarde: una nota real y concreta, no un genérico «solo para saludar». Acme respondió en menos de una hora, aliviada de que alguien se hubiera dado cuenta. Se llamaron, cerraron la incidencia y renovaron dos meses después. Un rescate que nadie habría sabido que hacía falta, porque sobre el papel Acme estaba bien, hasta que dejó de estarlo.
HeidiEl rescate lo hizo Yasmine. Yo solo me aseguré de que supiera que Acme necesitaba rescate mientras aún había tiempo.